Madres niñas. La maternidad en la adolescencia acarrea serios riesgos de salud para la madre y el bebé

La Razón (Edición Impresa) / Sunah Kim.- 23:51 / 25 de mayo de 2018 Hoy, sábado 26 de mayo, nacerán aproximadamente 700 bolivianos y bolivianas, el 15% de ellos serán de madres adolescentes, según proyecciones de población del INE y datos de la Encuesta de Demografía y Salud (Edsa) 2016. Ellos serán hijos e hijas de madres niñas, muchas de las cuales están apenas iniciando su adolescencia y tendrán que asumir el rol de madre, para lo cual no están preparadas ni física ni psicológicamente.

De acuerdo con datos de la CEPAL para Latinoamérica, la tasa de fecundidad adolescente del quintil más pobre cuadriplica la del quintil más rico. La maternidad durante esta etapa tiene diferentes significados. Para unas, un bebé representa el amor incondicional, el paso acelerado a la adultez o el ascenso a una posición social de respeto y de mayor tolerancia social y familiar. Para otras, es la oportunidad para escapar de situaciones de violencia o conflicto en el hogar. Lo anterior ignora los riesgos que el embarazo adolescente acarrea para la salud de la madre y el bebé, que incluyen complicaciones prenatales, bajo peso al nacer y en algunos casos inclusive la muerte.

Preocupa que sean habituales los embarazos forzados producto de violaciones o abusos sexuales, cuyas víctimas son niñas con edades que oscilan entre los 10 y 15 años. Esta situación suele ser encubierta por el entorno familiar y social en favor del agresor, que puede ser el padre, un pariente, una persona de confianza o un desconocido. El agravante de estos casos es que esas niñas, que no desearon ni buscaron ser madres, ven muy disminuidas sus oportunidades de desarrollo educativo o de otra índole y, peor aún, corren el riesgo de quedar embarazadas por segunda vez de mantenerse los vínculos con el abusador.

Según investigaciones en neurociencia, en la adolescencia el desarrollo cerebral y físico es acelerado, se aumenta la capacidad cognitiva, se potencia la aparición de nuevas habilidades, capacidades y aptitudes. Las experiencias en esta etapa influyen en la reconfiguración del cerebro, con impactos definitorios en el resto de su vida. Es un periodo crítico para formar la identidad e intereses que sirven de base para construir proyectos de vida y desempeñar roles positivos en la adultez. Por esta razón, se constituye en la segunda ventana de oportunidad, después de la primera infancia, para asegurar el desarrollo óptimo de las personas, y por ende, es de gran significancia en el desarrollo humano de un país. Muchas de las madres niñas nunca tendrán esta oportunidad.

El embarazo adolescente tiene además impactos directos en la salud y cuidado de los infantes, cuyos primeros años de vida son fundamentales para asegurar su pleno desarrollo. Existe evidencia suficiente de que el nivel educativo así como la exposición de las madres a la violencia no solo tienen relación con el desarrollo integral de sus hijos e hijas, sino también con las posibilidades de generar mayores oportunidades para ellos. Simplemente, la educación de las madres es una base crítica para superar la pobreza.

En Bolivia rige el Plan Plurinacional de Prevención de Embarazos en Adolescentes y Jóvenes 2015-2020, que dispone el establecimiento de acciones que promuevan la educación en derechos sexuales y reproductivos, el fortalecimiento del sistema de salud diferenciado y de calidad para los adolescentes, la prevención de violencia y la comunicación e información masiva. Es de vital importancia que este plan se implemente en su plenitud, que se efectivice en acciones y recursos concretos que hagan posible el abordaje de problemas subyacentes como la cultura machista, la desigualdad de género o las normas culturales que perpetúan las múltiples formas de violencia, particularmente la violencia sexual.

Es también primordial fortalecer el acceso a la Justicia para que los crímenes asociados con la violencia sexual no queden impunes. Asimismo, el fortalecimiento y mejora de las condiciones y capacidades institucionales y comunitarias son determinantes para hacer posible que las adolescentes ejerzan sus derechos, y para que cada día tengamos menos madres niñas y a la vez más adolescentes que transiten hacia una adultez plena y positiva.