Necesitamos un cambio de mentalidad radical: la inclusión es esencial para nuestra supervivencia

En vísperas del primer examen mundial del progreso hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la Vicesecretaria General de las Naciones Unidas, Amina Mohammed, pone de relieve el imperativo de hacer frente a la exclusión y la desigualdad crecientes.

Dentro de poco más de dos meses, los líderes del mundo se reunirán en las Naciones Unidas en Nueva York para celebrar la primera cumbre mundial sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible desde que se aprobó la Agenda 2030 en 2015.

La reunión tendrá lugar en un momento decisivo. Tras décadas de relativa estabilidad, transitamos tiempos inciertos, incluso inestables. Merma la cooperación mundial; disminuyen las tasas de crecimiento económico. Algunos países y regiones reaccionan mirando hacia adentro, haciendo hincapié en la división y la exclusión, pero esa mentalidad a corto plazo solo agravará las dificultades mundiales que se nos plantean.

Muchas de esas dificultades radican en marcos económicos y sociales que hemos construido a lo largo de siglos e incluso milenios, basados en la exclusión y la discriminación. Desde el colonialismo hasta la crisis climática, vivimos las consecuencias de la exclusión, la intolerancia y la falta de respeto de la diferencia, y eso nos está matando.

Hay una gran desigualdad económica, que va en aumento. Para 2030, el uno por ciento más rico de la población podría controlar dos tercios de la riqueza del planeta. Los derechos de las minorías y de las personas marginadas, en particular los refugiados y los migrantes, se ignoran sistemáticamente. Se emplea la violencia para imponer el patriarcado; a diario, millones de mujeres y niñas experimentan la inseguridad y la violación de sus derechos humanos. El gasto militar aumenta incluso en sociedades que no prestan servicios básicos a su población.

El cambio climático causa estragos en algunas de las naciones y regiones más vulnerables, mientras que otras siguen aumentando sus emisiones de gases de efecto invernadero. La deforestación, la sobrepesca y la contaminación causan daños sin precedentes. Los beneficios a corto plazo para unos pocos priman sobre los derechos e intereses de todos.

Hemos perdido de vista nuestra común humanidad e interdependencia, tanto unos de otros como del planeta que nos da vida. Todas las religiones y tradiciones más importantes comparten estos principios, pero nos hemos alejado de ellos.

Hace cuatro años, todos los países se reunieron y acordaron por unanimidad la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, nuestra hoja de ruta transformadora para los pueblos, el planeta, la prosperidad, la paz y las alianzas. La Agenda se centra en la inclusión, el pluralismo y los derechos de todos. Está enraizada en la evidencia de la correlación entre una mayor diversidad e inclusión, en particular de las mujeres, y un crecimiento económico sostenible y mejores perspectivas de paz y estabilidad. La Agenda exige una reorganización fundamental de nuestros sistemas económicos, políticos y sociales para que podamos cosechar los beneficios de la inclusión, en comunidades y sociedades más fuertes y resilientes, basadas en los derechos humanos y la dignidad humana para todos.

Un cometido tan ambicioso puede dar resultado si va respaldado de voluntad política. Merced a la acción multilateral, hoy la esperanza de vida es mayor, la pobreza extrema disminuye, la alfabetización alcanza niveles históricamente elevados y estamos reparando el agujero de la capa de ozono. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio, precursores de la Agenda 2030, ayudaron a sacar de la pobreza extrema a más de 1.000 millones de personas, a avanzar en la lucha contra el hambre y a lograr que más niñas que nunca vayan a la escuela. Ahora bien, el multilateralismo puede ser víctima de su propio éxito: hemos empezado a darlo por sentado, en lugar de tratarlo como un desafío cambiante que hay que nutrir, promover y revitalizar. Si las soluciones inclusivas no reciben apoyo multilateral, estamos condenados a una economía en la que todos perdemos, a una desigualdad cada vez más amplia y a una catástrofe climática.

Las soluciones que necesitamos para alcanzar las aspiraciones de la Agenda 2030 se centran en la dignidad, el bienestar y las oportunidades para todas las personas, sin discriminación. Si bien esas cualidades no se miden como parte del Producto Interno Bruto, son indicadores críticos de una gobernanza eficaz.

Todos tenemos un papel que desempeñar. La inclusión comienza en todos los lugares donde la gente se conecta: las empresas, las escuelas, los centros de salud, los medios de comunicación y la sociedad civil.

Debemos reorientarnos radicalmente hacia soluciones basadas en beneficios comunes, desechando la mentalidad de suma cero; hacia una seguridad basada en sociedades resilientes, inclusivas y más equitativas, en lugar de armas y fronteras más fuertes, y hacia sistemas económicos que incentiven la sostenibilidad de nuestro planeta por encima del provecho obtenido de la explotación y la destrucción.

La inclusión ya no se puede presentar como algo complementario u optativo: es una necesidad política y económica urgente para nuestra propia supervivencia y la de nuestro planeta.

Este comentario es una síntesis de las observaciones formuladas el 11 de junio en Lisboa, en la Conferencia sobre el Pluralismo de 2019. Organiza esta conferencia anual el Centro Global para el Pluralismo. Vea el discurso completo de la Sra. Mohammed.